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Alphonse Mucha

Diciembre 26, 2009

No dispongo de demasiado tiempo, aunque suficiente como para hacer una breve actualización a este pobre blog.

Debido a que hace mucho, mucho tiempo desde que realicé una entrada sobre la categoría de “arte”, he decidido ponerle remedio al asunto. La excusa ha sido la visita a una exposición al Caixa Forum de Tarragona, titulada “Seducción, modernidad y utopía”, en la que se mostraba un amplio repertorio de las obras de un señor checo, del que conocía el nombre pero no había tenido la oportunidad de contemplar su labor artística. Puede que mi desconocimiento sobre este autor sea debido a mi (desgraciadamente) nefasta cultura artística, pero ya que puede que no sea el único en la red que no conozca a este señor, he decidido dedicarle una entrada. Así pues: ¿Quién era Alphonse Mucha?

Medea

Alphonse Mucha (1860-1939), fue un artista checo conocido principalmente por ser pionero de la corriente artística Art Noveau (en España es denominada llanamente Modernismo, pero cabe recordar que tal corriente tuvo sus particularidades en cada país).  Gran parte de su éxito se debe a que fue uno de los primeros artistas en compaginar de forma efectiva arte y publicidad. La mayor parte de tales trabajos en el ámbito de la publicidad los realizó para la compañía de la actriz Sarah Bernhardt, que no sólo catapultó las obras de Mucha al éxito, sino que también fue clave para el desarrollo del mismo Art Nouveau. Algunas de sus obras más famosas datan de esta época, entre las cuales se encuentran el cartel de la obra teatral de “Medea” y “Gismonda”, entre otros.

Gismonda

Uno de los elementos más característicos de los trabajos de Alphonse Mucha es el papel de la mujer en su obra. Personificación de la belleza, la mujer es la protagonista absoluta de las obras del checo, mostrándolas como seres elegantes y sensuales. Muy a menudo, las mujeres de Mucha aparecen en comunión con elementos de la naturaleza, en simbiosis con múltiples ornamentos vegetales. Las cenefas, las orlas, las aureolas y los vitrales son los recursos artísticos más empleados por el checo en su intento de mostrar a la mujer como la encarnación misma de la belleza, concebida como valor absoluto que trasciende hacia la universalidad. A pesar de su carácter publicitario, Mucha aspiraba a que sus obras alcanzasen la trascendencia a través del arte, de ahí el uso de signos esotéricos y de recursos metafóricos. El sentido teatral de algunas de sus obras, en concreto los carteles que realizó para la compañía de Sarah Bernhardt (véase “Medea”), le ayudó a impregnar sus obras de ese aroma metafórica que el checo anhelaba.

Mucha realizó múltiples anuncios, muchos de los cuales decaroraron los envases de todo tipo de productos alimenticios y cosméticos. El trabajo de Mucha fue una prefiguración de lo que posteriormente seria el merchandising contemporáneo, el primer intento exitoso de la comunión entre arte y publicidad. El lujo, la fantasía e incluso el erotismo fueron los elementos fundamentales del discurso publicitario de las obras de Mucha, un discurso que buscaba persuadir el consumidor/espectador a través de las formas y apariencias del medio publicitario en cuestión (en este caso, la obra de arte).

A todos aquellos que tengan cierta curiosidad artística o que les interese aprender sobre el discurso publicitario previo al actual, les recomiendo encarecidamente el visionado de las obras de este artista tan controvertido como espectacular.

Claro de luna

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Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera (de Kim Ki-duk)

Noviembre 28, 2009

Las enfermedades estacionales me han impedido actualizar esto este último mes, pero ahora que ya estoy casi recuperado, esto volverá a tirar un poco.

Habiendo disertado sobre la cinematografía coreana, no podía limitar mis entradas a este cine centrándome exclusivamente en el señor Chan-wook Park, autor de “Old Boy” y “Soy un cyborg”, ambas cintas comentadas en este blog entradas atrás.  El otro gran referente del cinema coreano es Kim Ki-duk, un director mucho menos impactante pero más intimista que Chan-wook, que ha dirigido films que han captivado a gran parte de la crítica internacional, como  la famosa “Hierro 3″ (Bin-Jip) o la película en virtud de la cual hoy redacto esta entrada. Sin más dilaciones, pasemos a comentar esta gran cinta con un título de lo más atípico: “Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera”.

Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera

Todas aquellas personas que hayan tenido el placer de visionar alguna de sus películas, sabrá que la palabra más adecuada para definir su cine es intimismo. Las obras de Kim Ki-duk no pecan precisamente por ser convencionales, aún y el reconocimiento internacional de que gozan muchas de sus cintas. De la misma forma que otros directores surcoreanos com Park Chan-wook, uno de los puntos fuertes de sus filmes es la estética, el principal instrumento empleado por estos directores para transmitir el “mensaje” de la obra. Sin embargo, en las obras de Kim Ki-duk, el silencio y sus cualidades comunicativas toman un mayor peso. La predominancia del silencio sobre los  diálogos es una de las particularidades de la cinematografía del autor. El mensaje es canalizado hacia el espectador principalmente mediante la puesta en escena, que junto a las interpretaciones de los actores y a  un uso magistral de la fotografía, hace que los diálogos sean completamente prescindibles.

Describir toda la temática de esta obra equivaldría a profanar el visionado de la misma a aquellos desafortunados que no hayan podido disfrutar de este atípico filme. Es una película en que lo mejor es que el espectador vaya sin saber muy bien de qué va, pero con ganas de encontrarse algo atípico, reflexivo, poético e incluso sorprendente. Siendo muy sintético (para no desvelar ni el más mínimo detalle), la cinta es un tratado sobre la madurez y las distintas etapas de la vida de la persona. Veremos como nuestro protagonista (que reside con su mentor en un templo enmedio de la montaña) avanza en su propia senda de la madurez con el paso del tiempo.

Esta película es sumamente metafórica, todos y cada uno de los pasajes, objetos y planos que conforman esta película están cargados de simbolismo. Las estaciones, los distintos personajes, las situaciones, los objetos del templo, el entorno… todos los elementos de los que se compone esta obra albergan un gran contenido metafórico, por ello es necesario que el espectador se entregue por completo al filme durante su visionado. El  buen uso del silencio, los impresionantes paisajes y la soberbia puesta en escena acaban de dar forma a esta obra tan íntima y poco convencional del director coreano, en la que hasta el más mínimo detalle está cuidado. Incluso las turbulencias o los brotes de crueldad de ciertas etapas de la vida del protagonista son tratadas con gran maestría, mostrando violencia y crueldad cuando conviene sin que tales elementos perturben o rompan la dinámica de la película.

El uso de un ritmo pausado es adecuado para la temática de la obra, pero a algunos les podría resultar algo lento (y en este caso, el silencio y demás factores mencionados anteriormente no hacen más que agravar tal sensación). Algunos puntos en contra de la cinta podrían ser la previsibilidad de la obra en general y su contenido moralista. A muchos les dará la sensación que las lecciones de vida de la cinta tienen unos tintes budistas demasiado pronunciados.

Es una película para degustar, para que el espectador se deje llevar junto al protagonista en su camino de madurez. Una película de gran carga metafórica, mucho simbolismo, predominancia del silencio, impresionantes paisajes y soberbia puesta en escena. A muchos no les gustará, ya que no se trata precisamente de una película demasiado comercial y/o convencional, pero a todos los amantes del buen cine, les aseguro que no les dejará indiferentes. Denle una oportunidad, directores como Kim Ki-duk y películas como éstas, hay más bien pocas.

Puntuación: 8,3/10

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Píldoras azules (de Frederik Peeters)

Noviembre 8, 2009

Tras dar un repaso a las entradas realizadas hastael día de hoy, me di cuenta de que la categoría de “Cómics/mangas” sólo albergaba una entrada, mientras que la de “Cine” está llena, llena. Prometo intentar centrarme más en las otras categorías que en la del cine, pero el material cinematográfico es lo que tengo más a mano y lo que me resulta más fácil de analizar. Pero dejando las excusas a un lado, vengo a redimirme dedicándole una entrada a un gran cómic de un estupendo pero discreto autor: Píldoras azules, de Frederik Peeters.

Píldoras azules

Frederik Peeters es un dibujante de nacionalidad suiza, que pasó a ser un completo desconocido a ser reconocido en el ámbito internacional (como mínimo en el ámbito del cómic europeo) gracias a la presente obra, la cual fue nominada a la mejor obra extranjera en el Salón del Cómic de Barcelona del 2005 y al premio Alp’Art al mejor álbum en el Salón Internacional del Cómic de Angoulême en 2002.

En este cómic, Frederik nos cuenta un capítulo de su propia vida. Poniéndose como protagonista, el señor Peeters nos cuenta su relación con Cati, una chica seropositiva que tiene un niño de 3 años con la misma enfermedad. A lo largo del cómic, nos mostrara cómo conoce a Cati, pero sobre todo, como evoluciona su relación con ella y el niño cuando el espectro del sida está constantemente presente. Veremos cómo esta enfermedad puede llegar a condicionar su relación y las múltiples preguntas, y evidentemente, miedos, que van apareciendo en ambos protagonistas a medida que avanzan en su relación.

Como podeis ver, se trata de una obra muy íntima del autor, donde desnuda su relación con Cati y sobre su persona ante el lector con el fin de mostrar cómo y en qué medida condicionó la enfermedad a su bienestar (emocional también, no sólo de salud) y a su relación con Cati y el niño, sobre el cual Peeters hará de padre (por razones evidentes). Lo que podría parecer un cómic de índole dramática a primera vista, al ostentarlo y empezar a degustarlo, uno se da cuenta  de que no se enfoca para nada como un drama. Más bien al contrario.

Un tema tan aparentemente dramático como el papel del VIH en las relaciones amorosas es tratado por Peeters con suma naturalidad, sin caer en el típico enfoque dramático con que normalmente son tratados estos temas. Peeters nos muestra la cara más cotidiana de la enfermedad; sin quitar la importancia que supone la presencia del Sida en las relaciones, Peeters logra tratar este tema con mucha naturalidad. Apoyándose en su propia experiencia personal y enfocando el tema más hacia el slice of life, el suizo humaniza la enfermedad gracias a un enfoque muy cuotidiano de su historia. Es decir, coge la enfermedad y, mediante el relato de su relación con Cati, despoja a la enfermedad de su componente “tabú” y lo arrastra al ámbito terrenal. El resultado es conmovedor: conseguir tratar el tema del sida en las relaciones humanas de forma natural, eliminando los mitos y mostrando los auténticos peligros del tema.

Pero el gran talento de este hombre no radica únicamente en humanizar la enfermedad gracias al relato en formato  slice of life de su experiencia con Cati y su hijo. Es magistral la forma en que el suizo es capaz de tratar, describir y reflejar las emociones y sentimientos de sus personajes, teniendo en cuenta claro está que al ser una historia autobiográfica todo ayuda. Pero por aquellos que se agarren a este último punto, sólo tienen que leer la otra gran obra del señor Peeters, Lupus, para comprender el talento que tiene este hombre para describir y reflejar mediante el dibujo los sentimientos y emociones de cada uno de los personajes de sus historias. Las métaforas empleadas (algunas francamente buenas) como su personalísimo estilo de dibujo, no hacen más que mejorar el resultado final de la obra.

En resumen, para aquellos que les gusten las historias íntimas, bien contadas y que no hacen gala del recurso de la lágrima fácil, “Píldoras azules” os gustará. Si encima os gustan los buenos slice of life, los personajes entrañables y sus descubrimientos y evolución personal a lo largo de la historia y el trato de temas a menudo considerados tabú de forma atípica y descomplejada, “Píldoras azules” os encantará.

Puntuación: 8/10

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El camino a casa (de Zhang Yimou)

Octubre 22, 2009

Continuando con la línea  de las reseñas de películas del otro extremo del mundo, dejamos momentáneamente el cine coreano a un lado para centrarnos en otro de los grandes exponentes del cine asiático: el cine chino. La película que se nos ocupa es relativamente desconocida, motivo por el cual se merece una entrada en este discreto blog. Una cinta tierna, que como bien dijo alguien en la red, “es una película que trata del amor con el amor”, sin cursilerías ni recursos típicos como la guerra u otros similares. Así pues, veamos qué es lo que convierte esta humilde pelicula en una película especial: “El camino a casa”.

El camino a casa

El filme arranca con la llegada de un hombre de negocios que vuelve a su pueblo natal al enterarse de la muerte de su padre y del lamentable estado anímico y de salud en que se encuentra su madre. El hijo, muy reacio a hacer caso a las peticiones de su madre en respecto a la ceremonia de entierro de su padre, la cual considera que debe llevarse a cabo exactamente como dicta la tradición, irá tomando conciencia de la importancia de conservar valores como el respeto a la tradición, mientras rememora la historia de cómo se conocieron sus padres.

Así arranca la película, y como ya os podeis imaginar, ésta no esconde ni tramas complejas al estilo Terry Gilliam (autor de “12 monos” o la famosa “Brazil”) ni giros argumentales sorpresa ni personajes extremadamente complejos. Es una película sencilla, nada pretenciosa, pero sobre todo es una película con un ritmo muy pausado, que a muchos les podrá resultar extremadamente lenta, pero que se adapta perfectamente al filme. Tiene el ritmo que tendría que tener, teniendo en cuenta que la película tiene lugar principalmente en un pueblo absolutamente rural de la China profunda de la segunda mitad del siglo XX.

Los personajes no son para nada complejos, pero eso no impide que la gran protagonista (que podríamos afirmar que es LA protagonista única e indiscutible del filme) sea un personaje superficial y plano; más bien lo contrario, un personaje sencillo pero profundo, y uno de los pocos personajes que realmente simbolizan lo que muchos consideran el amor “auténtico” en el mundo del cine. La actriz Zhang Ziyi hace una soberbia interpretación, sabiendo transmitir de forma magistral toda la ternura y dulzura de la protagonista. Sin duda, uno de los elementos que hacen esta película especial, junto a la forma en que es contada la historia.

Es una película sencilla y bonita, y francamente bien contada. Es una oda a la tradición y sus valores y un poema al amor, que el señor Zhang Yimou es capaz de abordar de forma excelente. Muchos de los filmes que intentan tratar estos temas, a menudo fracasan por el nefasto uso del ritmo o por el uso de cursilerías o estrategias cinematográficas que buscan la lágrima fácil. Son pocas las películas, como la famosa pelicula francesa “Amelie” o la misma “El camino a casa” de Yimou, que consiguen hacer auténticas obras de arte de temas sencillos y cotidianos como el amor, el respeto o el gran valor de las pequeñas cosas de la vida. Este tipo de temas no son fáciles de llevar a la gran pantalla, pero estas dos películas lo consiguen, y con maestría.

La música es francamente buena, muy apropiada a la cinta y se nota que se le ha prestado especial intención, y la fotografía y la puesta en escena son francamente sobresalientes (me encantaría enfatizar en este elemento, pero mis conocimientos en esta área aún son mejorables). Incluso mejor que la música y la puesta en escena, es la atención que pone Zhang Yimou a los pequeños detalles de la película, tales como el uso y la importancia de los colores (en especial el rojo, color que el director adora como bien muestra en otras cintas) entre muchos otros que no citaré.

En resumen, una película muy bien narrada, sencilla y bonita, que es posible que no guste a todo el mundo por su ritmo pausado, que a muchos les resultara lento. Un bello poema al amor y al respeto de la tradición y sus valores. Si buscais adrenalina, éste no es vuestro film; si quereis algo bueno, bonito y bien contado, no os la perdais.

Puntuación: 8,5/10

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Old Boy (de Chan-wook Park)

Octubre 7, 2009

Como ya dije, habiendo hecho una entrada a la película de “Soy un cyborg”, no podia seguir adelante con este blog sin dedicarle un espacio a la más famosa obra cinematográfica del señor Park Chan-wook. Es una película tan buena como impactante, que los buenos amantes del cine no deberian perderse. Así pues, pasemos a explicar qué hace que esta película, la segunda parte de la “triología de la venganza” de Chan-wook, sea tan especial. Veamos entonces cómo es este gran cinta: Old Boy.

Old Boy

La trama arranca con Oh Dae-su, un personaje que ya des de el inicio se nos muestra como alguien bastante arrojado a la bebida y que es más instintivo que racional, que un buen dia es secuestrado repentinamente. Dae-su es recluido en una habitación, aillado de casi todo contacto humano, y con la única compañía de un televisor, mediante el cual se entera de que su mujer ha sido asesinada supuestamente por él mismo. Al cabo de 15 años, sin aún saber el motivo ni el autor de su reclusión, es liberado repentinamente sin saber el porqué. La venganza se convertirá en su único objetivo vital de ahora en adelante.

He intentado omitir todo tipo de detalles del inicio de la trama de Old Boy expresamente, para no delatar ningún tipo de detalle a los que no la hayan visto. Este thriller es, des de su inicio hasta su final, impactante. Con la escena inicial el espectador ya queda atrapado, absorbido por los acontecimientos que transcurren en la cinta, y Chan-wook logra una de las cosas más difíciles de conseguir en una película: un ritmo ideal, ni demasiado veloz ni demasiado lento, el ideal para cada situación, llevando y guiando toda la trama con maestría hasta su apoteósico final.

Los personajes son, en mi humilde opinión, fantásticos. Dae-su está magistralmente interpretado por Choi Min-sik, dotándolo de una gran credibilidad y transmitiendo al espectador el angustioso y retorcido mundo en el que se encuentra lanzado, debido tanto a su larga reclusión como a los acontecimientos en los que se encontrará al ser liberado. Dae-su es un personaje que, si bien antes ya mostraba rasgos de funcionar más por estímulos que por acciones racionales, su reclusión no hace más que agravar su estado psicológico, por momentos casi esquizofrénicos. Sobre el principal antagonista de la cinta, sólo diré que es de los mejores que he visto en la gran pantalla en mi vida (y sí, humildemente, he visto muchos!).

Pero lo que hace que gran parte de la gente que haya visto esta cinta la llegué a considerar una obra maestra no es su argumento, que podria considerarse de muy típico (la venganza), sino la forma en que es contada. Por un lado, tenemos el uso más que notable del ritmo de la cinta, en el que Chan-wook no tiene prisa, y dedica el tiempo necesario y adecuado tanto a las escenas de violencia como a las más tiernas. Ahora bien, sin duda alguna, y como viene siendo algo propio del cine de Chan-wook (y del surcoreano en general), los planos, la puesta en escena y sobre todo la estética, son impresionantes. Un sublime trabajo en la fotografia, unas escenas y planos con una fuerza audiovisual de la cual mucho tiene que aprender el cine occidental, donde casi cada fotograma es una delicia degustar.

Un filme que podria resultar de lo más típico (en gran parte debido a su argumento simple), gracias a las soberbias interpretaciones, a un buen uso del ritmo y sobre todo a su estética y forma de ser llevada a cabo,  hacen que esta película sea más que digna de ver. Con un final simplemente impresionante, apoteósico, al terminar la película servidor no podía hacer más que aplaudir al señor Chan-wook y a su equipo por tal magnífico trabajo. Además, un segundo visionado de la cinta seria lo ideal, ya que la película esconde grandes pequeños detalles que quizás con un primer visionado el espectador no les presta atención, debido a estar plenamente absorbido en el devenir de la cinta misma.

Las únicas pegas que recuerdo en el presente de “Old Boy” son el hecho de que hay momentos en que determinados acontecimientos o acciones de los personajes no acaben de acomodarse en la película, detalles que tienen que ser cogidos con pinzas para una adecuada interpretación. Otra pega probablemente lo encontraria en su música, que sin ser mala ni mucho menos (escúchese “The Last Waltz”, por ejemplo), si que podria haber sido mucho mejor, dando la cinta un paso más hacia el título de obra maestra.

En resumen, no tengo palabras suficientes para describir este film, complejo por la forma en que es llevado más que por su trama, pero magnífico, debido a las magistrales interpretaciones, el buen uso del ritmo a la hora de contar la trama, la gran fotografia, puesta en escena y estética en general de la película. Una película que recomiendo a cualquier buen aficionado al cine, que aunque puede gustar o no (no deja término medio), no os dejará indiferentes. Simplemente, conseguidla y miradla.

Puntuación: 9/10

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Soy un cyborg (de Chan-wook Park)

Octubre 1, 2009

Pasamos de nuevo al cine, pero esta vez dejando el cine europeo y americano atrás. Muchos ya conocerán el director de la cinta a la cual hoy le dedico esta entrada, Chan-wook Park (recordemos que en Japón, Corea y otros primero ponen el apellido y luego el nombre), autor de la triología de la venganza, cuyo título más remarcable es OldBoy, la cual más adelante también tendrá su propio espacio en este blog. Pero la cinta que se nos ocupa, poco tiene que ver con la temática de las obras principales de este gran director surocoreano, una cinta tan rara como buena, pero ni mucho menos de fácil visionado. Así pues, examinemos esta obra cinematográfica tan interesante que lleva el nombre de “Soy un cyborg” (2006).

Soy un cyborg

Chan-wook dejó atrás la temática de la venganza (parcialmente) de sus anteriores trabajos para seguir rompiendo moldes con esta película. Young-goon es una joven adolescente que es ingresada en un centro psiquiátrico tras intentar suicidarse al cortarse las venas para conectarse unos cables con la intención de cargar su batería. ¿Porqué? Ella cree ser una cyborg, y la comida la estropea y sólo puede alimentarse mediante la recarga con pilas o métodos similares al descrito. Una vez allí, conocerá a un joven enmascarado, que cree tener la habilidad de ser invisible y de poder robar atributos a los demás, con el que entablará una curiosa relación…

Esta fue la película con la que me inicié en el cine coreano, pero tras verla e informarme un poco, me topé con que esta es de las películas más extrañas, no sólo del señor Chan-wook, sino también del cine surcoreano actual. El visionado de esta película no es fácil, pero es apasionante. El director, emplea todos los instrumentos a su alcance para trasportarnos no sólo a la mente de Young-goon, sino en todos los mundos subjetivos de los personajes tan pintorescos como entrañables del centro psiquiátrico. Precisamente los personajes son uno de los puntos fuertes de la cinta. Complejos, profundos e incluso algo abstractos, el director nos llega a meter, ya des de los primeros minutos, en el retorcido y lunático mundo de los habitantes del centro psiquiátrico. Chan-wook consigue exitosamente que la cinta se articule en el mundo intersubjetivo de los inquilinos del centro más que en la forma de funcionar del centro mismo (algo que la distingue claramente con la magistral “Alguien voló sobre el nido del Cuco”, que enfatiza más en este segundo punto). Si hay una sola palabra que consiga definir este film, es la palabra lunática; más que lírica o fantasiosa, nos encontramos ante una película lunática.

Respecto a la forma en que está dirigida y llevada, en mi humilde opinión, poco tiene que ver con dinámica europea o anglo-sajona. Por lo que he podido comprobar en mis primeros pasos en el cine surcoreano, en éste los planos, puesta en escena y detalles cobran muchísimo más peso que en el cine occidental (y tiene más parecido con el cine de otros países orientales como Japón). En esta cinta, el ritmo es pausado, descriptivo y detallista, se utilizan de forma abundante los planos estáticos, que junto al detallismo y al colorido emprado en la película, dotan a estos de un gran poderío narrativo. Porque no es necesario que haya un narrador de hecho que nos cuente el estado anímico de los personajes o el desarrollo de la historia, sino que la simple puesta en escena, la grandísima expresividad de los actores y el formidable uso de los planos ya lo consiguen por si solos (este punto es bastante usado en el cine oriental en general).

La música es muy adecuada a cada situación, pero sin ser sobresaliente. Los efectos especiales son francamente buenos, un excelente complemento para recrear los retorcidos mundos de los hospitalizados en el centro.  Un último punto a destacar es que, a pesar de que Chan-wook deja atrás el papel de la acción y la temática de la venganza de sus anteriores películas como OldBoy, el director no puede (ni le interesa) desprenderse completamente de estos dos elementos. Ejemplo de ello son las pocas, pero magistrales, escenas de acción transcurridas en “Soy un cyborg”, realmente impactantes y que nada tienen que envidiar a las escenas de acción propias del cine americano.

En conclusión, podria extenderme muchísimo más hablando de esta película, porque es realmente interesante y digna de ver. Sin embargo, no la recomiendo a todo el mundo: debido a su particular forma de ser llevada, a su ritmo pausado y demás peculiaridades, no es una película que guste a todo el mundo. Eso sí, si quereis ver algo diferente, con gran calidad y completamente diferente al panorama cinematográfico occidental, esta película no os la podeis perder. Tan buena como rara, una película formidablemente lunática.

Puntuación: 8/10

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El diario de Tortov Roddle

Septiembre 17, 2009

Siempre que me propongo actualizar más a menudo, tardo aún más que de costumbre, pero esta vez, la culpa ha sido de los míticos exámenes de septiembre. En fin, de vuelta a las andadas y otra recomendación. En este caso, más que recomendar esta obra, quiero contribuir en la tarea de darla a conocer, ya que se trata de una obra tan rara como buena. Se trata de una serie de OVAs de duración muy reducida: el Diario de Tortov Roddle.

El diario de Tortov Roddle

El argumento ya se puede deducir: se articula alrededor de las situaciones en las que se encuentra nuestro protagonista (un chico aventurero vestido con ropas del siglo XIX al que le acompaña siempre su montura, una especie de cerdo con patas de camello) en sus viajes por un mundo de lo más onírico.

De hecho, tanto el argumento como el personaje principal no pueden más que ser simples, dado que la única finalidad de estos cortos es trasportarnos a ese mundo tan “pinkfloydiano” y acompañar a Tortov en sus viajes y experiencias, todas ellas muy enriquecedoras. Así pues, el punto fuerte de estos cortos, un total de 6 de una duración de unos 3 minutos aproximadamente, es la ambientación. Una ambientación muy lograda, muy de ensueño, más onírico que lírico (todas las obras oníricas tienen su vertiente lírica, pero en este caso sobresale el elemento onírico por encima del lírico, mientras que en otras obras como Mushishi, el elemento lírico se hace destacar más que el onírico, espero que se me entienda).

Sin embargo, una buena ambientación no puede lograrse sin una buena música, y en estas OVAs la música cumple con creces. Música muy relajante, muy pausada, pero indispensable, ya que no sólo contribuye a recrear la atmósfera onírica de los cortos, sino que al ser unos cortos sin diálogos, la música pasa a ser el auténtico narrador de las historias de Tortov, a pesar de que también se utilicen algunos cartelitos descriptivos para expresar las sensaciones de nuestro protagonista (los mismos cartelitos de las películas mudas de la primera mitad del siglo XX).

Estos cortos también tienen una serie de extras (de duración también muy corta), que no sólo son historias añadidas de las experiencias de Tortov, sinó que dos de ellas son totalmente independientes. Estas dos extras, muy en línea al estilo de los cortos principales pero que nada tienen que ver con las historias de Tortov, son “Fantasía” (con una música muy bella) y “El incidente de la manzana”, un corto con una esencia muy muy kafkiana.

En resumen, sin extenderme más, no son unos cortos que recomendaria a todo el mundo, debido a su peculiaridad. Son muy diferentes al estilo de series que predominan en la actualidad, con un dibujo de corte más occidental que japonesa y con una ambientación muy “a lo pink floyd”. Y precisamente esta peculiaridad de estos cortos es lo que me ha motivado a dedicarles una entrada en este blog. A todos aquellos amantes de lo onírico, hasta el punto que llega a la delgada línea entre lo onírico y lo delirante, y a todos aquellos que les guste degustar formatos atípicos de la animación, a esos sí que les recomiendo que la vean. Porque anime como “El diario de Tortov Roddle” se hacen pocos, muy pocos.

Puntuación: 8/10

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Mushishi

Septiembre 1, 2009

Las vacaciones se terminan, los examenes acechan, pero ahora que vuelvo a estar por mi tierra, puedo volver a dedicarle algo de tiempo a este blog. Como siempre, quiero intentar dar a conocer, o simplemente recomendar, todas aquellas obras (del formato que sea, des de la música hasta la animación) que servidor considere merecedoras de ser vistas.

Una de estas obras, desconocidas pero magistrales, es la que quiero dar a conocer en esta entrada. Muchos se echan atrás al ver todas aquellas obras que se encuentran en uno de los géneros artísticos más infravalorados actualmente (y lamentablemente, con motivos justificados, debido a las epidemias artísticas del “moe”, el “fanservice”, y demás infamias), pero a todos los amantes del buen arte y de lo lírico, les recomiendo encarecidamente el visionado de esta serie: Mushishi.

Mushishi

Esta serie gira en torno a unos seres místicos llamados “Mushi”, muy distintos a los animales y a las plantas, y cuya presencia solo puede ser percibida por unas pocas personas. Estos Mushi a menudo son los causantes de multitud de efectos paranormales, algunos de los cuales pueden perjudicar seriamente la salud de las personas con las que entran en contacto. Nuestro protagonista es Ginko, un trotamundos solitario obligado, muy fumador, de pelo blanco, tuerto con el ojo de color verde botella (color por excelencia de la serie), y con una gran personalidad. Ginko es un “Mushishi”, un experto o maestro en Mushis.

La serie consta de 26 capítulos autoconclusivos, y en cada uno de ellos nos muestra como un determinado mushi ha provocado un efecto concreto sobre una persona (o conjunto de ellas) y como Ginko intenta averiguar y dar solución a los efectos provocados por las acciones de los mushi. Si a primera vista la trama no podria llamar demasiado la atención, tras el visionado del primer episodio ya cambiareis de opinión. En Mushishi las historias estan impregnadas de una maravillosa lírica, muy transportantes y relajantes, aunque no por ello son historias con final feliz siempre (ni mucho menos). En Mushishi no hay violencia, ni sangre, es una serie esencialmente onírica: poesia audiovisual.

Esta magistral ambientación onírica de la serie es posible gracias a una gran variedad de factores. En primer lugar, su relajante pero maravillosa banda sonora, muy armónica con el devenir de la serie y su contexto. La animación y efectos visuales son impresionantes, realmente buenos, y han sido empleados sobre todo en la recreación de los Mushi. A la impresionante animación y la espléndida música le acompaña un buen dibujo, suave, sin altibajos a lo largo de la serie, cuyo único defecto es que muchos de los personajes secundarios que salen se parecen demasiado (y siempre hay un personaje secundario nuevo por capitulo). Ginko es un gran personaje, y quizás el único que tiene profundidad en la serie, dado que ésta se centra precisamente en las historias en las que se va encontrando nuestro pálido trotamundos mientras viaja.

Animes de este estilo, líricos y transportantes, como son Mushishi y Kino no Tabi  (algun dia le haré una entrada a esta también) son realmente escasos, lamentablemente. Mushishi es uno de los mejores animes que servidor ha tenido la oportunidad de ver en su vida, y créanme, he visto muchos. Capítulos como el de la chica ciega, el del arco iris, el del suzuri y el del pasado del propio Ginko, por mencionar unos pocos, son auténticas obras maestras.

Esta serie la vi ya hace unos dos o tres años, y tras realizar un segundo visionado este verano, afirmo con aún más firmeza que esta es una de las mejores series de anime que se han hecho, y a su vez, una de las más desconocidas y que el público de masas no sabrá valorar, dado que no salen ninjas en bikinis luchando entre ellas y desangrándose durante el combate que dura meses enteros (como podeis comprobar, cada vez detesto más los shonens baratos que tan de moda estan en la actualidad, sólo pocos se salvan de la quema, como One Piece).

En fin, a los buenos amantes de la animación, de lo onírico y del buen arte, debeis ver esta magistral obra de animación llamada “Mushishi” como sea.

Puntuación: 10/10   Obra Maestra

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Cerrado por vacaciones

Julio 16, 2009

Lo dicho, en las próximas dos o tres semanas, hasta principios de agosto, este blog quedará aún más fuera de servicio que estos últimos días. Aunque no lo creais, he estado liado y no he podido actualizar.

En agosto, al tener algo más de tiempo libre y al estar de nuevo en tierras catalanas, intentaré actualizar más a menudo.

Lo dicho, que debido a las vacaciones, esto quedará “out” hasta principios de agosto.

Disfrutad y gracias

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Drunken Lullabies (2002) – Flogging Molly

Junio 28, 2009

Mis silenciosos lectores, os pido perdón por tardar tanto en actualizar el blog, que en las últimas semanas servidor ha estado muy liado entre trabajitos y exámenes. Ahora intentaré, almenos hasta mitad de Julio, llevar un ritmo constante y recuperar parte del tiempo perdido (y que perderé en la segunda mitad de Julio, debido a mi ausencia vacacional). Hoy una actualización breve en el campo de la música. He decidido dedicarle una entrada a uno de los mejores discos de esta genial banda: el “Drunken Lullabies” de Flogging Molly.

Drunken Lullabies

Introduzcamos el grupo. Flogging Molly es un grupo nacido en Los Ángeles, concretamente en las tabernas irlandesas donde acuden todos los nietos de aquellos miles de irlandeses que emigraron a Estados Unidos, en busca de un lugar mejor lejos de la pobreza y la hambruna que habitaba en su tierra natal por aquel entonces. Flogging Molly está formado por irlandeses, algunos nacidos en esa tierra (como el vocalista, Dave King) y otros nacidos en Estados Unidos pero de familia irlandesa. El estilo musical es  el “celtic punk” o “punk celta”, un tipo de punk que incorpora instrumentos, además de las guitarras eléctricas, el bajo y la batería, instrumentos musicales propios de la música celta como el banjo, la gaita o el “tin whistle” (un tipo de flauta). La temática del celtic punk se articula des de las bebidas alcohólicas como el whisky hasta la exaltación de la clase obrera o de la nación celta que se ocupe (en el caso de Flogging Molly, Irlanda), y pasando hacia la crítica a menudo del gran “”"”amigo”"” del pueblo celta: Inglaterra.

El álbum que se nos ocupa es el mejor para introducirnos en el grupo de Flogging Molly o el celtic punk y es de los mejores que ha hecho la banda hasta la fecha. Este disco, poderoso, enérgico, melódico y folclórico, captiva des de su inicio hasta su final. Muchos de los que lo escucheis, en ocasiones os sentireis como piratas navegando por la mar (algunas de las canciones del celtic punk recuerdan mucho a canciones de piratas ebrios, que a servidor le encantan), pero sobre todo, os sentireis irlandeses. Tendreis ganas de coger la bandera de Irlanda e ir a alguna de esas maravillosas tabernas irlandesas, oscuras, con la barra y las mesas de color marrón oscuro, con todo el personal empuñando “guiness” o cervesas similares mientras cantan canciones como las del presente disco.

El disco empieza con poderosas canciones como “Drunken Lullabies”, “What’s Left of the Flag” o “May the living be dead (in our wake)”, y luego se alternan algunas canciones más pausadas, como “If I ever leave this world alive”  o la épica “Death Valley Queen”, con otras canciones rápidas y poderosas, del estilo de “The Kilburn High Road” o de las tres iniciales. Algunas canciones incorporan elementos de otros estilos musicales, como “Another Bag of Bricks”, que incorpora sonidos propios de la música oriental. Respecto a la temática de las canciones es la propia del celtic punk, género del cual Flogging Molly es uno de los principales referentes.

Aquí os dejo el video de la canción que abre el disco y que lleva su mismo nombre, “Drunken Lullabies”. Si os gusta esta canción, os encantará el disco y el grupo:

En conclusión, un gran grupo de celtic punk, desgraciadamente no demasiado conocido, y que junto a su calidad musical, son los motivos por los cuales más adelante se volverá a hablar de ellos en este blog, porque se lo merecen. Si os gusta la música celta (o las canciones de piratas, insisto, muchas de sus canciones tienen este aire, y es genial) y el punk o el punk rock (el bueno, no el de grupos mediocres como Good Charlotte o Sum 41), os gustará “Drunken Lullabies” y os encantará Flogging Molly.

Y a todos los aficionados con un mínimo de criterio musical, almenos dadle una oportunidad a este grupo escuchando este gran álbum, que se lo merece.