No dispongo de demasiado tiempo, aunque suficiente como para hacer una breve actualización a este pobre blog.
Debido a que hace mucho, mucho tiempo desde que realicé una entrada sobre la categoría de “arte”, he decidido ponerle remedio al asunto. La excusa ha sido la visita a una exposición al Caixa Forum de Tarragona, titulada “Seducción, modernidad y utopía”, en la que se mostraba un amplio repertorio de las obras de un señor checo, del que conocía el nombre pero no había tenido la oportunidad de contemplar su labor artística. Puede que mi desconocimiento sobre este autor sea debido a mi (desgraciadamente) nefasta cultura artística, pero ya que puede que no sea el único en la red que no conozca a este señor, he decidido dedicarle una entrada. Así pues: ¿Quién era Alphonse Mucha?

Alphonse Mucha (1860-1939), fue un artista checo conocido principalmente por ser pionero de la corriente artística Art Noveau (en España es denominada llanamente Modernismo, pero cabe recordar que tal corriente tuvo sus particularidades en cada país). Gran parte de su éxito se debe a que fue uno de los primeros artistas en compaginar de forma efectiva arte y publicidad. La mayor parte de tales trabajos en el ámbito de la publicidad los realizó para la compañía de la actriz Sarah Bernhardt, que no sólo catapultó las obras de Mucha al éxito, sino que también fue clave para el desarrollo del mismo Art Nouveau. Algunas de sus obras más famosas datan de esta época, entre las cuales se encuentran el cartel de la obra teatral de “Medea” y “Gismonda”, entre otros.

Uno de los elementos más característicos de los trabajos de Alphonse Mucha es el papel de la mujer en su obra. Personificación de la belleza, la mujer es la protagonista absoluta de las obras del checo, mostrándolas como seres elegantes y sensuales. Muy a menudo, las mujeres de Mucha aparecen en comunión con elementos de la naturaleza, en simbiosis con múltiples ornamentos vegetales. Las cenefas, las orlas, las aureolas y los vitrales son los recursos artísticos más empleados por el checo en su intento de mostrar a la mujer como la encarnación misma de la belleza, concebida como valor absoluto que trasciende hacia la universalidad. A pesar de su carácter publicitario, Mucha aspiraba a que sus obras alcanzasen la trascendencia a través del arte, de ahí el uso de signos esotéricos y de recursos metafóricos. El sentido teatral de algunas de sus obras, en concreto los carteles que realizó para la compañía de Sarah Bernhardt (véase “Medea”), le ayudó a impregnar sus obras de ese aroma metafórica que el checo anhelaba.
Mucha realizó múltiples anuncios, muchos de los cuales decaroraron los envases de todo tipo de productos alimenticios y cosméticos. El trabajo de Mucha fue una prefiguración de lo que posteriormente seria el merchandising contemporáneo, el primer intento exitoso de la comunión entre arte y publicidad. El lujo, la fantasía e incluso el erotismo fueron los elementos fundamentales del discurso publicitario de las obras de Mucha, un discurso que buscaba persuadir el consumidor/espectador a través de las formas y apariencias del medio publicitario en cuestión (en este caso, la obra de arte).
A todos aquellos que tengan cierta curiosidad artística o que les interese aprender sobre el discurso publicitario previo al actual, les recomiendo encarecidamente el visionado de las obras de este artista tan controvertido como espectacular.












