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Sin perdón (1992)

marzo 30, 2009

Hoy una recomendación cinematográfica de nuevo, y desgraciadamente, no muy extensa debido a la falta de tiempo. De la mano del magnífico Clint Eastwood: Sin perdón.

Sin perdón

Odio los westerns.

No los soporto, almenos los westerns clásicos de toda la vida. Detesto este género por cómo el cine estadounidense ha intentado, a lo largo del desarrollo histórico de este género, dotar de epicidad al proceso de formación y expansión de ese país y conviertiendo en leyenda las hazañas de esos hombres de valores conservadores y protestantes, legitimando su papel imperialista mediante la descalificación de las tribus indígenas habitantes en esas tierras, casi siempre mostradas como bárbaras y malévolas. Sin embargo, y por suerte, el cine es un mundo vasto y extenso, y ciertas películas del género western han conseguido ser originales y evitar los aspectos mencionados (veáse Deadman, de la que hablaremos otro día, o la película que se nos ocupa).

Clint Eastwood marca un punto de inflexión dentro del género western con esta película, que desprende aires clásicos pero que no cae en esos aberrantes tópicos. Se nos retrata como un pistolero retirado, William Munny, se ve forzado a volver a entrar en el torbellino de la violencia del viejo oeste para poder sacar adelante a su familia de la pobreza y la precariedad. Con ese fin, junto a un viejo socio suyo y a un pistolero novato, decide aceptar un trabajillo: asesinar a dos personas que rajaron la cara a una prostituta.

La grandeza de este film no radica solamente en la belleza de su música o de las soberbias  puestas en escena. Lo que hace este film grande es el papel desmitificador de los western y de sus tópicos. Eastwood retrata a los personajes sin ningún tipo de idealización, mostrandolos como lo humanos que son, como el viejo Munny, que al estar oxidado por años de no trabajar en el violento y sangriento mundo de los pistoleros, se le muestra claramente torpe (cayendo del caballo continuamente o fallando en varias ocasiones los disparos, por ejemplo).  Gene  Hackman encarna de forma majestuosa el sheriff de la ciudad en la que se centra la película, mostrando la amoralidad e injustícia de su moralidad y concepto de justícia. Los demás personajes, el viejo socio (Morgan Freeman), el pistolero novato, el pistolero inglés, el escritor, etc.,  absolutamente todos los personajes aparecidos están perfectamente encarnados y construidos, y sin duda sus problemas y dudas nos harán reflexionar sobre esa época y la situación de su gente en ese período.

Podría comentar mil escenas, hay muchísimas dignas de mencionar, pero sin embargo, la falta de tiempo y el peligro de spoilear me impiden que desarrolle más el post. Sólo puedo hacer más que, aunque no os guste el western clásico, dadle una oportunidad a esta película, vale mucho la pena.

Por su papel rompedor de mitos, por las grandes interpretaciones de sus actores, por la humanidad de los personajes, por su música, por las escenas, algunas de ellas realmente épicas, por la reflexión sobre la violencia, la justícia y sobre  la historia de los Estados Unidos, y sobre todo, por su director: Clint Eastwood.

Un film realmente épico y majestuoso que ningún buen aficionado al cine debería perderse.

Nota: 9/10

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2 comentarios

  1. La manía de los americanos de tergiversar la historia de la conquista del oeste y de todas las maldades que perpetraron en ella (genocidio indígena, exterminio de especies animales, agresiones territoriales constantes e injustificadas a Méjico, etc) se debe a la doctrina del Destino Manifiesto, según la cual Estados Unidos estaba destinada a expandirse desde el Atlántico hasta el Pacífico por designio divino.

    Curiosamente es en esta época en la que el país crea su propia doctrina nacionalista y la desarrollará precisamente en torno al mito del salvaje oeste y a autodenominarse a sí mismos “America” y a actuar en su nombre con todo un cúmulo de maldades como la doctrina Monroe de la que España fue víctima en el 98.

    Pero volviendo al tema que nos ocupa, países como Francia tenían a héroes nacionales como Roldán, Francisco I, el duque de Enghien, Luis XIV o Napoleón y sus generales; España a los hombres de la Reconquista, los Reyes Católicos, los Conquistadores, Don Juan de Austria, Gonzalo, Fernández de Córdoba, el Duque de Alba o Felipe II; e Inglaterra tenía a Arturo, Isabel I, Francis Drake, Wellington, Nelson o James Cook. EE.UU. por contra no tenía ningún tipo de antecedente glorioso en el que apoyarse y su único recurso fue el de glorificar a Washington, a Jefferson, a Lincoln e incluso exagerar la importancia de Franklin.

    Ante tan desastroso panorama tuvieron que reivindicarse a sí mismos con historias de palurdos, con todas las letras, a los que ascendían a la categoría de héroes y de las que, debido a la lejanía de su ubicación, era fácil inventarse chorradas. Así por ejemplo Calamity Kate, los hermanos Dalton o incluso Billy the Kid eran poco más que gamberros de barrio de los que la prensa de la época inventó todos los disparates que el Western consagró como ciertos en el siglo XX.

    Como muy bien comentas, el film del que hablas supuso toda una excepción a los cánones del cine del oeste, que como has señalado, versaba fundamentalmente de atacar vil y miserablemente a los indios, sino porque Clint Eastwood fue el máximo exponente del llamado Spaghetti Western que era considerado como una auténtica intromisión europea en un género cuyas máximas habían sido impuestas por el mítico John Ford.

    Sin Perdón no sólo fue un éxito de crítica y público, sino también en los Oscars. La academia de Hollywood le dio cuatro de sus galardones: mejor montaje, mejor actor secundario (Gene Hackman), mejor director y mejor película. En otras palabras, el film se convertía en uno de los más exitosos de la historia del género y confirmaba el giro dado unos años antes con “Bailando con Lobos” y su osada propuesta de narrar cómo un militar estadounidense se ponía del lado de los tan denostados indios.

    Quién iba a pensar, por cierto, que esta película nos iba a descubrir que uno de los mejores duros de la gran pantalla como era Eastwood, podría ser también uno de los hombres más sensibles y apasionados a la hora de narrar una historia que la historia del celuloide ha dado jamás, y que tantas alegrías nos dio con posterioridad con títulos como Million Dollar Baby o Mystic River. Sin duda una cinta imprescindible que no debe faltar en ninguna colección de cine que se precie.

    Un saludo.


  2. […] Mejor película del oeste: Sin Perdón. Todo lo que tenía que decir sobre ella lo dije aquí. […]



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