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Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera (de Kim Ki-duk)

noviembre 28, 2009

Las enfermedades estacionales me han impedido actualizar esto este último mes, pero ahora que ya estoy casi recuperado, esto volverá a tirar un poco.

Habiendo disertado sobre la cinematografía coreana, no podía limitar mis entradas a este cine centrándome exclusivamente en el señor Chan-wook Park, autor de “Old Boy” y “Soy un cyborg”, ambas cintas comentadas en este blog entradas atrás.  El otro gran referente del cinema coreano es Kim Ki-duk, un director mucho menos impactante pero más intimista que Chan-wook, que ha dirigido films que han captivado a gran parte de la crítica internacional, como  la famosa “Hierro 3” (Bin-Jip) o la película en virtud de la cual hoy redacto esta entrada. Sin más dilaciones, pasemos a comentar esta gran cinta con un título de lo más atípico: “Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera”.

Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera

Todas aquellas personas que hayan tenido el placer de visionar alguna de sus películas, sabrá que la palabra más adecuada para definir su cine es intimismo. Las obras de Kim Ki-duk no pecan precisamente por ser convencionales, aún y el reconocimiento internacional de que gozan muchas de sus cintas. De la misma forma que otros directores surcoreanos com Park Chan-wook, uno de los puntos fuertes de sus filmes es la estética, el principal instrumento empleado por estos directores para transmitir el “mensaje” de la obra. Sin embargo, en las obras de Kim Ki-duk, el silencio y sus cualidades comunicativas toman un mayor peso. La predominancia del silencio sobre los  diálogos es una de las particularidades de la cinematografía del autor. El mensaje es canalizado hacia el espectador principalmente mediante la puesta en escena, que junto a las interpretaciones de los actores y a  un uso magistral de la fotografía, hace que los diálogos sean completamente prescindibles.

Describir toda la temática de esta obra equivaldría a profanar el visionado de la misma a aquellos desafortunados que no hayan podido disfrutar de este atípico filme. Es una película en que lo mejor es que el espectador vaya sin saber muy bien de qué va, pero con ganas de encontrarse algo atípico, reflexivo, poético e incluso sorprendente. Siendo muy sintético (para no desvelar ni el más mínimo detalle), la cinta es un tratado sobre la madurez y las distintas etapas de la vida de la persona. Veremos como nuestro protagonista (que reside con su mentor en un templo enmedio de la montaña) avanza en su propia senda de la madurez con el paso del tiempo.

Esta película es sumamente metafórica, todos y cada uno de los pasajes, objetos y planos que conforman esta película están cargados de simbolismo. Las estaciones, los distintos personajes, las situaciones, los objetos del templo, el entorno… todos los elementos de los que se compone esta obra albergan un gran contenido metafórico, por ello es necesario que el espectador se entregue por completo al filme durante su visionado. El  buen uso del silencio, los impresionantes paisajes y la soberbia puesta en escena acaban de dar forma a esta obra tan íntima y poco convencional del director coreano, en la que hasta el más mínimo detalle está cuidado. Incluso las turbulencias o los brotes de crueldad de ciertas etapas de la vida del protagonista son tratadas con gran maestría, mostrando violencia y crueldad cuando conviene sin que tales elementos perturben o rompan la dinámica de la película.

El uso de un ritmo pausado es adecuado para la temática de la obra, pero a algunos les podría resultar algo lento (y en este caso, el silencio y demás factores mencionados anteriormente no hacen más que agravar tal sensación). Algunos puntos en contra de la cinta podrían ser la previsibilidad de la obra en general y su contenido moralista. A muchos les dará la sensación que las lecciones de vida de la cinta tienen unos tintes budistas demasiado pronunciados.

Es una película para degustar, para que el espectador se deje llevar junto al protagonista en su camino de madurez. Una película de gran carga metafórica, mucho simbolismo, predominancia del silencio, impresionantes paisajes y soberbia puesta en escena. A muchos no les gustará, ya que no se trata precisamente de una película demasiado comercial y/o convencional, pero a todos los amantes del buen cine, les aseguro que no les dejará indiferentes. Denle una oportunidad, directores como Kim Ki-duk y películas como éstas, hay más bien pocas.

Puntuación: 8,3/10

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4 comentarios

  1. Justamente vi esta película la semana pasada… me encantó.

    Y Hierro 3 es sencillamente increible, de mis favoritas.

    A ver si consigo hacerme con alguna peliculilla más de este hombre.


  2. Iba a hacer hoy un comentario para esta película pero sencillamente no soy capaz. El motivo es que me voy a poner a preparar un homenaje para Reboot. Vete a su blog y descubre tú mismo el porqué :(.


  3. Hostia puta, vaya pérdida, nuestro Reboot…

    En fin, así es la vida, fue un placer leerle mientras duró ^^


  4. Si te soy sincero desde que me ocurrió lo que me ocurrió hace hoy precisamente un año (¡Ostrás! Mi anterior comentario lo hice en el aniversario de la “primera entrega” de todo; desde luego parece que con esta película estoy maldito) procuro evitar todo film en el que de un modo u otro se encuentre el amor como eje fundamental de una parte del relato, puesto que me invade una profunda melancolía que intento evitar a toda costa. No obstante intentaré hacer un esfuerzo.

    Nada hay en esta película que yo pueda añadir a lo que tú has dicho. Se trata de un auténtico retrato sobre el breve peregrinar de la vida del ser humano y de las pasiones de cada una de las etapas de nuestra existencias reflejadas en cuatro estaciones en las que de pequeños creemos que el mundo está hecho para hacer lo que nos venga en gana sin tener el menor respeto hacia nada y hacia nadie; en nuestra adolescencia cometemos actos verdaderamente viles y miserables movidos por la ignorancia y el egoísmo; de cómo tarde o temprano tendremos que pagar por nuestras culpas y que, cuando menos nos lo esperamos, hemos cogido el testigo de nuestros mayores y representamos exactamente los mismos principios que juramos combatir en nuestra rebeldía juvenil.

    El problema que hay con este film es que no se puede ni se debe describir nada, ya que el silencio forma un todo verdaderamente impactante en la cinta que se basta como hilo conductor de la misma. Aunque si me permites quedarme con dos escenas, ésas serían cuando los policías se llevan preso al monje, pero antes acaban las consignas que estaba escribiendo… y la escena de amor, aunque no por la chica en sí, sino por el uso del mito de la Femme Fatalle como origen de la vida y a la vez como elemento que lleva al hombre a la perdición.

    El joven monje abandona su hogar por ella y años más tarde arruina su vida llevado por los celos. Para cualquier persona que haya visto el particular cortejo que siguió para hacerse con el corazón del religioso y le cuenten el delito que posteriormente comete puede imaginar muchas cosas y no precisamente positivas sobre la actitud de la muchacha y de cómo su aparición sirve para corromper al hombre. Aristóteles se hubiese sentido encantado xD.

    Pero consideraciones al margen, no cabe duda de que estamos ante una joya del intimismo, y una de las películas que más paz y tranquilidad me han inspirado por lo que me sumo a tu recomendación. ¡Y pensar que se llevó la Espiga de Oro y yo pasé olímpicamente de ir a verla con mis amigos!

    En fin, más vale tarde que nunca.

    Un saludo.



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