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Crónicas Birmanas (de Guy Delisle)

marzo 18, 2010

Para variar un poco la temática de este blog, hoy toca recomendación de un cómic occidental. Ya tuvo su lugar en este blog el cómic de Frederik Peeters, un cómic muy personal e intimista pero con sus toques cínicos. En este caso, el cómic que nos ocupa es del tipo “cómic-político”, pero con un enfoque muy particular. Sin más dilaciones, para a aquellos que todavía no conozcan esta obra, les presento “Crónicas Birmanas” de Guy Delisle.

Guy Delisle es un dibujante quebequense nacido en la propia capital de Quebec. Este autor, de mente inquieta y con un muy particular espíritu aventurero, siempre realiza en sus trabajos las funciones de protagonista, guionista y dibujante, con lo cual, siempre se tratan de novelas gráficas muy personales (que no necesariamente intimistas). Además, el hecho de que esté casado con una miembro de Médicos sin Fronteras, le ha sido de gran ayuda al québécois para encontrar material sobre el que desplegar todo su talento artístico.

El prestigio internacional de Guy Delisle vino de la mano de dos novelas gráficas muy aclamadas por la crítica: “Shenzhen” (2000) y “Pyongyang” (2003). En estas obras, por motivos normalmente relacionados con sus trabajos realizados con estudios de animación o por viajes de su mujer, emprende un viaje en la República Popular de China y Corea del Norte respectivamente, donde Delisle permanecerá unos cuantos meses sumergido en el clima social y político de esos países asiáticos. En ambas obras, Delisle ofrece su particular visión tanto de la cultura y las costumbres del país huésped como de la incidencia que ejercen los gobiernos sobre sus respectivas sociedades. Ése es el estilo narrativo de las obras de Delisle (al menos de las dos anteriores y de la que nos ocupa): novelas gráficas moldeadas en forma de crónicas que pivotan sobre las experiencias e impresiones del autor acerca de la situación existente en los países en los que se establece.

Así pues, “Crónicas Birmanas” (2007) tiene como punto de partida la llegada del québécois a Rangún, capital de Myanmar, junto a su mujer y a su hijo de pocos años de vida. Allí, permanecerá unos cuantos meses, donde experimentará en primera persona la realidad de un estado la cual apenas es conocida. Desde su particular punto de vista, nos presentará cómo son los birmanos y cómo es su cotidianidad; cómo funcionan y operan las ONGs establecidas en estados dictatoriales como Myanmar; nos mostrará cuáles son sus curiosidades, impresiones y miedos como occidental en un país oriental; y demás realidades políticas y sociales de este país tan desconocido en Occidente.

Consiste en un único tomo segmentado en una gran multitud de “sketches” normalmente auto conclusivos, los cuales giran en torno a las experiencias del quebequense, que van des de las conversaciones sobre temas políticos que tiene con sus compatriotas de Médicos sin Fronteras o de otras ONGs hasta sus simples paseos por las ciudades que visita y que siempre suponen una aventura llena de cosas dignas de recordar. Mediante el uso de un trazo simple pero rico, Delisle logra con creces mostrar tanto la situación como la ambientación de Myanmar que él percibió en su estada en el país asiático. Grandes dosis de ironía acaban por completar este retrato de un país en el que los militares ejercen de forma implacable el poder coactivo y coercitivo mediante, entre otras cosas, la restricción de las libertades individuales y colectivas, la censura y, en general, la vulneración reiterada de los Derechos Humanos. Sin embargo, Delisle no permite que esta cruda y cruel realidad impregne de tristeza y desesperación su obra. El autor combina eficazmente la triste realidad de Birmania con el día a día de los autóctonos, mostrando que a pesar de las duras condiciones políticas y económicas en que viven, no por ello dejan de disfrutar de esos pequeños detalles y placeres que la vida otorga altruistamente a todos aquellos que son arrojados a nuestro mundo. A algunos quizás no les gustará las pinceladas humorísticas e irónicas que abundan en esta novela gráfica, pero en mi opinión son un auténtico acierto, ya que Delisle consigue de esta forma un desarrollo ameno, divertido e interesante, a la vez que muestra la dura situación de ese país y de sus gentes.

El punto de vista de una persona tan curiosa y sencilla como Guy Delisle supone una bocanada aire fresco sobre la novela gráfica política (por así llamarla). Así pues, “Crónicas Birmanas” no es un escrito político que se limita a criticar la situación de una de las dictaduras más férreas del mundo contemporáneo mediante una novela gráfica, sino que el autor simplemente realiza un retrato de la situación política, cultural, social e incluso económica de la Birmania actual (no olvidemos que Myanmar es el nombre oficial que los dictadores otorgaron al estado birmano), que él percibe. Y este último detalle es importante, porque esta novela gráfica no deja de basarse en la experiencia personal que el quebequense tuvo durante su estancia en Birmania.

Ahora bien, considero muy recomendable la lectura de esta novela gráfica a todos aquellos interesados en leer un cómic ameno y divertido, a la vez que crítico con la política del país huésped. Una disección de la dictadura militar birmana que es bañada en la ironía y la curiosidad de un simple visitante occidental, tan desconcertado por la realidad política y económica del país, como apasionado por la actitud y costumbres de esas sencillas gentes que habitan el averno militar tildado por sus guardianes como “Myanmar”.

Puntuación: 8/10

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La carretera (The Road)

febrero 18, 2010

Ya iba siendo hora de actualizar esto, que últimamente lo tenía muy abandonado. Aprovecho para dar las gracias a Dath, que gracias a sus comentarios en este mismo blog, ha acabado de darme el último empujón para actualizar de nuevo esto. Que ganas de hacerlo tenía, pero no sabía muy bien cómo actualizarlo de nuevo, porque últimamente tampoco he tenido la oportunidad de descubrir demasiadas cosas nuevas.

Iba a actualizar sobre una película llamada “Queimada”, pero mi último viaje al cine de esta semana me ha dado otro tema, así que antes de que se me olvide o pase demasiado tiempo, aprovecho para hablar de esta película de la que tantas ganas tenía: The Road.

The Road

El nombre de John Hillcoat, el director de la presente cinta, era totalmente desconocido para mi. Nunca había oído hablar de él ni de sus trabajos anteriores. Y por lo que he podido comprobar, se trata de un director australiano cuya filmografía está compuesta simplemente por dos o tres obras más, la más conocida de las cuales es una obra australiana llamada “The proposition”. Si eso no fuera suficiente, tampoco había tenido la oportunidad de leer el libro original de esta obra, así que lo único que sabía de antemano sobre la película era la información que proporcionaba el cartel publicitario de la película: una cinta de índole post-apocalíptica cuyos protagonistas eran un padre, encarnado por Viggo Mortensen, y su hijo. Nada más.

Como ya he adelantado, la trama se ubica en un mundo distópico, arrasado por un misterioso cataclismo que ha acabado con casi todo signo de vida de la tierra. Sólo quedan los cadáveres de los árboles de antaño, apenas hay formas de vida animal, y el hombre se ha visto arrojado de nuevo a su condición original: la de un animal ordinario que lucha por sobrevivir en medio de un mundo adverso, y lo que es peor, en un mundo sin humanidad. Un mundo en que el hombre incluso se ve obligado a devorar a los de su misma condición si desea sobrevivir. La misión del padre no es otra que garantizar la supervivencia de su hijo, y para ello, emprenden un viaje a través de este mundo en el que la esperanza hace mucho que murió.

Con una temática así, es difícil (almenos para un servidor) no sentirse atraído por esta película. Pero lamentablemente, una idea/historia interesante (que no una idea original, porque original no lo es) no es suficiente para hacer de un film una obra que también sea interesante. Para empezar, uno de los grandes peligros de toda obra cinematográfica: el ritmo, el tempo de la película. Conseguir un buen ritmo, ni muy lento ni muy rápido y que a la vez mantenga al espectador absorbido durante todo el metraje, no es algo fácil de conseguir ni siquiera para los grandes maestros del séptimo arte. En este caso, el ritmo es excesivamente lento. Algunos dirán que es adecuado para la temática y el devenir de la historia, pero hay una diferencia significativa entre un ritmo pausado y un ritmo lento. En el caso de The Road, el ritmo es lento, pero en ocasiones es insufriblemente lento, donde se abusa en exceso de las escenas en que las caminatas de los protagonistas tienen lugar.

A tal lentitud, se le añade otro problema des de mi humilde punto de vista, y es que aunque el tema daba para mucho, la historia o bien no se explotó como se debía o bien era sencillamente pobre. Al no haber leído el libro, desconozco si se trata del segundo caso, pero si olvidamos este hecho y nos centramos únicamente en la cinta, entonces la respuesta es más que clara: es una historia más bien pobre. Una historia con toques de crueldad natural acompañada de cierta moraleja (no tan subliminal) de ecologismo que simplemente se limita a contarnos cómo sufren un padre y su hijo en medio de un mundo medio muerto, y que en el fondo las personas no somos más que animales domesticados por nuestros propios stándares o pautas de conducta, en un intento de “humanizarnos” y olvidar nuestros orígenes. Es una película que peca precisamente de su vertiente descriptiva; se pierde en la descripción del mundo que recrea y no desarrolla una historia propiamente dicha. Algunos dirán “es que la intención de la cinta es ésta”, entonces les diré que no por ello deja de ser una historia pobre. Otras distopías como la del anime/manga Akira, o otras películas archiconocidas como 12 monos o Hijos de los hombres (otra candidata a salir en este blog), consiguen con creces combinar la descripción de sus respectivas distopías sin por ello sacrificar una trama interesante y compleja.

Eso sí, la ambientación está magistralmente conseguida, así como la fotografía, con esos tonos tan grises y tétricos tan bien conseguidos, son los puntos fuertes de la película junto con la interpretación de Viggo Mortensen y su hijo. Desgraciadamente, no se puede decir lo mismo del cameo de Charlize Theron, una aportación plana y superficial que poco aporta (en términos de calidad) a la película. La música tampoco es destacable precisamente, incluso me atrevería a decir que es nefasta, dado que si una buena OST hubiera complementado a la ya de por sí buena ambientación, el resultado habría sido magnífico (en la recreación de la ambientación post-apocalíptica). También podría empezar a criticar ciertos sucesos (algunos de ellos sin apenas fundamento y otros directamente ridículos) que van teniendo lugar a lo largo de la historia, pero el peligro de soltar algún spoiler me inhibe.

En resumen, una película que prometía mucho y en eso se quedó. Un trabajo excesivamente descriptivo, que olvida el desarrollo de una buena trama, con  una música pésima, con detalles argumentales simplemente ridículos o absurdos y con ciertas interpretaciones secundarias bastante planas, pero que sin embargo cuenta con una buena pareja protagonista, algunas escenas muy bien logradas y una ambientación muy bien conseguida. Es una auténtica lástima que la película tenga tales errores, de lo contrario, el resultado habría sido totalmente diferente. Y por favor, no me vengan con que la película esta llena de profundidad, que tiene un mensaje subliminal muy bueno y apreciable y que esta llena de escenas impactantes y memorables. La exposición de los humanos como animales sociales, tiene más años que el ir a pie, y si el mostrar el sufrimiento de un padre y un hijo arrojados en un mundo de desesperación lo consideran como algo original y sumamente emotivo, les recomiendo, sin ánimo de ofender, que miren más cine y más animación. Antes ya he mencionado unos ejemplos que le dan mil vueltas a esta película.  Podría seguir mostrando ejemplos de porqué no se trata de una buena película, pero para ello, tendría que contarles la película entera, y esa no es la vocación de este blog. En fin, una auténtica lástima que se haya quedado en eso.

Puntuación: 6,3/10

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Manifiesto “En defensa de los derechos fundamentales en internet”

enero 19, 2010

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia

Este texto se publica en multitud de sitios web. Si estás de acuerdo, publícalo también en tu blog.

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Alphonse Mucha

diciembre 26, 2009

No dispongo de demasiado tiempo, aunque suficiente como para hacer una breve actualización a este pobre blog.

Debido a que hace mucho, mucho tiempo desde que realicé una entrada sobre la categoría de “arte”, he decidido ponerle remedio al asunto. La excusa ha sido la visita a una exposición al Caixa Forum de Tarragona, titulada “Seducción, modernidad y utopía”, en la que se mostraba un amplio repertorio de las obras de un señor checo, del que conocía el nombre pero no había tenido la oportunidad de contemplar su labor artística. Puede que mi desconocimiento sobre este autor sea debido a mi (desgraciadamente) nefasta cultura artística, pero ya que puede que no sea el único en la red que no conozca a este señor, he decidido dedicarle una entrada. Así pues: ¿Quién era Alphonse Mucha?

Medea

Alphonse Mucha (1860-1939), fue un artista checo conocido principalmente por ser pionero de la corriente artística Art Noveau (en España es denominada llanamente Modernismo, pero cabe recordar que tal corriente tuvo sus particularidades en cada país).  Gran parte de su éxito se debe a que fue uno de los primeros artistas en compaginar de forma efectiva arte y publicidad. La mayor parte de tales trabajos en el ámbito de la publicidad los realizó para la compañía de la actriz Sarah Bernhardt, que no sólo catapultó las obras de Mucha al éxito, sino que también fue clave para el desarrollo del mismo Art Nouveau. Algunas de sus obras más famosas datan de esta época, entre las cuales se encuentran el cartel de la obra teatral de “Medea” y “Gismonda”, entre otros.

Gismonda

Uno de los elementos más característicos de los trabajos de Alphonse Mucha es el papel de la mujer en su obra. Personificación de la belleza, la mujer es la protagonista absoluta de las obras del checo, mostrándolas como seres elegantes y sensuales. Muy a menudo, las mujeres de Mucha aparecen en comunión con elementos de la naturaleza, en simbiosis con múltiples ornamentos vegetales. Las cenefas, las orlas, las aureolas y los vitrales son los recursos artísticos más empleados por el checo en su intento de mostrar a la mujer como la encarnación misma de la belleza, concebida como valor absoluto que trasciende hacia la universalidad. A pesar de su carácter publicitario, Mucha aspiraba a que sus obras alcanzasen la trascendencia a través del arte, de ahí el uso de signos esotéricos y de recursos metafóricos. El sentido teatral de algunas de sus obras, en concreto los carteles que realizó para la compañía de Sarah Bernhardt (véase “Medea”), le ayudó a impregnar sus obras de ese aroma metafórica que el checo anhelaba.

Mucha realizó múltiples anuncios, muchos de los cuales decaroraron los envases de todo tipo de productos alimenticios y cosméticos. El trabajo de Mucha fue una prefiguración de lo que posteriormente seria el merchandising contemporáneo, el primer intento exitoso de la comunión entre arte y publicidad. El lujo, la fantasía e incluso el erotismo fueron los elementos fundamentales del discurso publicitario de las obras de Mucha, un discurso que buscaba persuadir el consumidor/espectador a través de las formas y apariencias del medio publicitario en cuestión (en este caso, la obra de arte).

A todos aquellos que tengan cierta curiosidad artística o que les interese aprender sobre el discurso publicitario previo al actual, les recomiendo encarecidamente el visionado de las obras de este artista tan controvertido como espectacular.

Claro de luna

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Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera (de Kim Ki-duk)

noviembre 28, 2009

Las enfermedades estacionales me han impedido actualizar esto este último mes, pero ahora que ya estoy casi recuperado, esto volverá a tirar un poco.

Habiendo disertado sobre la cinematografía coreana, no podía limitar mis entradas a este cine centrándome exclusivamente en el señor Chan-wook Park, autor de “Old Boy” y “Soy un cyborg”, ambas cintas comentadas en este blog entradas atrás.  El otro gran referente del cinema coreano es Kim Ki-duk, un director mucho menos impactante pero más intimista que Chan-wook, que ha dirigido films que han captivado a gran parte de la crítica internacional, como  la famosa “Hierro 3” (Bin-Jip) o la película en virtud de la cual hoy redacto esta entrada. Sin más dilaciones, pasemos a comentar esta gran cinta con un título de lo más atípico: “Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera”.

Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera

Todas aquellas personas que hayan tenido el placer de visionar alguna de sus películas, sabrá que la palabra más adecuada para definir su cine es intimismo. Las obras de Kim Ki-duk no pecan precisamente por ser convencionales, aún y el reconocimiento internacional de que gozan muchas de sus cintas. De la misma forma que otros directores surcoreanos com Park Chan-wook, uno de los puntos fuertes de sus filmes es la estética, el principal instrumento empleado por estos directores para transmitir el “mensaje” de la obra. Sin embargo, en las obras de Kim Ki-duk, el silencio y sus cualidades comunicativas toman un mayor peso. La predominancia del silencio sobre los  diálogos es una de las particularidades de la cinematografía del autor. El mensaje es canalizado hacia el espectador principalmente mediante la puesta en escena, que junto a las interpretaciones de los actores y a  un uso magistral de la fotografía, hace que los diálogos sean completamente prescindibles.

Describir toda la temática de esta obra equivaldría a profanar el visionado de la misma a aquellos desafortunados que no hayan podido disfrutar de este atípico filme. Es una película en que lo mejor es que el espectador vaya sin saber muy bien de qué va, pero con ganas de encontrarse algo atípico, reflexivo, poético e incluso sorprendente. Siendo muy sintético (para no desvelar ni el más mínimo detalle), la cinta es un tratado sobre la madurez y las distintas etapas de la vida de la persona. Veremos como nuestro protagonista (que reside con su mentor en un templo enmedio de la montaña) avanza en su propia senda de la madurez con el paso del tiempo.

Esta película es sumamente metafórica, todos y cada uno de los pasajes, objetos y planos que conforman esta película están cargados de simbolismo. Las estaciones, los distintos personajes, las situaciones, los objetos del templo, el entorno… todos los elementos de los que se compone esta obra albergan un gran contenido metafórico, por ello es necesario que el espectador se entregue por completo al filme durante su visionado. El  buen uso del silencio, los impresionantes paisajes y la soberbia puesta en escena acaban de dar forma a esta obra tan íntima y poco convencional del director coreano, en la que hasta el más mínimo detalle está cuidado. Incluso las turbulencias o los brotes de crueldad de ciertas etapas de la vida del protagonista son tratadas con gran maestría, mostrando violencia y crueldad cuando conviene sin que tales elementos perturben o rompan la dinámica de la película.

El uso de un ritmo pausado es adecuado para la temática de la obra, pero a algunos les podría resultar algo lento (y en este caso, el silencio y demás factores mencionados anteriormente no hacen más que agravar tal sensación). Algunos puntos en contra de la cinta podrían ser la previsibilidad de la obra en general y su contenido moralista. A muchos les dará la sensación que las lecciones de vida de la cinta tienen unos tintes budistas demasiado pronunciados.

Es una película para degustar, para que el espectador se deje llevar junto al protagonista en su camino de madurez. Una película de gran carga metafórica, mucho simbolismo, predominancia del silencio, impresionantes paisajes y soberbia puesta en escena. A muchos no les gustará, ya que no se trata precisamente de una película demasiado comercial y/o convencional, pero a todos los amantes del buen cine, les aseguro que no les dejará indiferentes. Denle una oportunidad, directores como Kim Ki-duk y películas como éstas, hay más bien pocas.

Puntuación: 8,3/10

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Píldoras azules (de Frederik Peeters)

noviembre 8, 2009

Tras dar un repaso a las entradas realizadas hastael día de hoy, me di cuenta de que la categoría de “Cómics/mangas” sólo albergaba una entrada, mientras que la de “Cine” está llena, llena. Prometo intentar centrarme más en las otras categorías que en la del cine, pero el material cinematográfico es lo que tengo más a mano y lo que me resulta más fácil de analizar. Pero dejando las excusas a un lado, vengo a redimirme dedicándole una entrada a un gran cómic de un estupendo pero discreto autor: Píldoras azules, de Frederik Peeters.

Píldoras azules

Frederik Peeters es un dibujante de nacionalidad suiza, que pasó a ser un completo desconocido a ser reconocido en el ámbito internacional (como mínimo en el ámbito del cómic europeo) gracias a la presente obra, la cual fue nominada a la mejor obra extranjera en el Salón del Cómic de Barcelona del 2005 y al premio Alp’Art al mejor álbum en el Salón Internacional del Cómic de Angoulême en 2002.

En este cómic, Frederik nos cuenta un capítulo de su propia vida. Poniéndose como protagonista, el señor Peeters nos cuenta su relación con Cati, una chica seropositiva que tiene un niño de 3 años con la misma enfermedad. A lo largo del cómic, nos mostrara cómo conoce a Cati, pero sobre todo, como evoluciona su relación con ella y el niño cuando el espectro del sida está constantemente presente. Veremos cómo esta enfermedad puede llegar a condicionar su relación y las múltiples preguntas, y evidentemente, miedos, que van apareciendo en ambos protagonistas a medida que avanzan en su relación.

Como podeis ver, se trata de una obra muy íntima del autor, donde desnuda su relación con Cati y sobre su persona ante el lector con el fin de mostrar cómo y en qué medida condicionó la enfermedad a su bienestar (emocional también, no sólo de salud) y a su relación con Cati y el niño, sobre el cual Peeters hará de padre (por razones evidentes). Lo que podría parecer un cómic de índole dramática a primera vista, al ostentarlo y empezar a degustarlo, uno se da cuenta  de que no se enfoca para nada como un drama. Más bien al contrario.

Un tema tan aparentemente dramático como el papel del VIH en las relaciones amorosas es tratado por Peeters con suma naturalidad, sin caer en el típico enfoque dramático con que normalmente son tratados estos temas. Peeters nos muestra la cara más cotidiana de la enfermedad; sin quitar la importancia que supone la presencia del Sida en las relaciones, Peeters logra tratar este tema con mucha naturalidad. Apoyándose en su propia experiencia personal y enfocando el tema más hacia el slice of life, el suizo humaniza la enfermedad gracias a un enfoque muy cuotidiano de su historia. Es decir, coge la enfermedad y, mediante el relato de su relación con Cati, despoja a la enfermedad de su componente “tabú” y lo arrastra al ámbito terrenal. El resultado es conmovedor: conseguir tratar el tema del sida en las relaciones humanas de forma natural, eliminando los mitos y mostrando los auténticos peligros del tema.

Pero el gran talento de este hombre no radica únicamente en humanizar la enfermedad gracias al relato en formato  slice of life de su experiencia con Cati y su hijo. Es magistral la forma en que el suizo es capaz de tratar, describir y reflejar las emociones y sentimientos de sus personajes, teniendo en cuenta claro está que al ser una historia autobiográfica todo ayuda. Pero por aquellos que se agarren a este último punto, sólo tienen que leer la otra gran obra del señor Peeters, Lupus, para comprender el talento que tiene este hombre para describir y reflejar mediante el dibujo los sentimientos y emociones de cada uno de los personajes de sus historias. Las métaforas empleadas (algunas francamente buenas) como su personalísimo estilo de dibujo, no hacen más que mejorar el resultado final de la obra.

En resumen, para aquellos que les gusten las historias íntimas, bien contadas y que no hacen gala del recurso de la lágrima fácil, “Píldoras azules” os gustará. Si encima os gustan los buenos slice of life, los personajes entrañables y sus descubrimientos y evolución personal a lo largo de la historia y el trato de temas a menudo considerados tabú de forma atípica y descomplejada, “Píldoras azules” os encantará.

Puntuación: 8/10

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El camino a casa (de Zhang Yimou)

octubre 22, 2009

Continuando con la línea  de las reseñas de películas del otro extremo del mundo, dejamos momentáneamente el cine coreano a un lado para centrarnos en otro de los grandes exponentes del cine asiático: el cine chino. La película que se nos ocupa es relativamente desconocida, motivo por el cual se merece una entrada en este discreto blog. Una cinta tierna, que como bien dijo alguien en la red, “es una película que trata del amor con el amor”, sin cursilerías ni recursos típicos como la guerra u otros similares. Así pues, veamos qué es lo que convierte esta humilde pelicula en una película especial: “El camino a casa”.

El camino a casa

El filme arranca con la llegada de un hombre de negocios que vuelve a su pueblo natal al enterarse de la muerte de su padre y del lamentable estado anímico y de salud en que se encuentra su madre. El hijo, muy reacio a hacer caso a las peticiones de su madre en respecto a la ceremonia de entierro de su padre, la cual considera que debe llevarse a cabo exactamente como dicta la tradición, irá tomando conciencia de la importancia de conservar valores como el respeto a la tradición, mientras rememora la historia de cómo se conocieron sus padres.

Así arranca la película, y como ya os podeis imaginar, ésta no esconde ni tramas complejas al estilo Terry Gilliam (autor de “12 monos” o la famosa “Brazil”) ni giros argumentales sorpresa ni personajes extremadamente complejos. Es una película sencilla, nada pretenciosa, pero sobre todo es una película con un ritmo muy pausado, que a muchos les podrá resultar extremadamente lenta, pero que se adapta perfectamente al filme. Tiene el ritmo que tendría que tener, teniendo en cuenta que la película tiene lugar principalmente en un pueblo absolutamente rural de la China profunda de la segunda mitad del siglo XX.

Los personajes no son para nada complejos, pero eso no impide que la gran protagonista (que podríamos afirmar que es LA protagonista única e indiscutible del filme) sea un personaje superficial y plano; más bien lo contrario, un personaje sencillo pero profundo, y uno de los pocos personajes que realmente simbolizan lo que muchos consideran el amor “auténtico” en el mundo del cine. La actriz Zhang Ziyi hace una soberbia interpretación, sabiendo transmitir de forma magistral toda la ternura y dulzura de la protagonista. Sin duda, uno de los elementos que hacen esta película especial, junto a la forma en que es contada la historia.

Es una película sencilla y bonita, y francamente bien contada. Es una oda a la tradición y sus valores y un poema al amor, que el señor Zhang Yimou es capaz de abordar de forma excelente. Muchos de los filmes que intentan tratar estos temas, a menudo fracasan por el nefasto uso del ritmo o por el uso de cursilerías o estrategias cinematográficas que buscan la lágrima fácil. Son pocas las películas, como la famosa pelicula francesa “Amelie” o la misma “El camino a casa” de Yimou, que consiguen hacer auténticas obras de arte de temas sencillos y cotidianos como el amor, el respeto o el gran valor de las pequeñas cosas de la vida. Este tipo de temas no son fáciles de llevar a la gran pantalla, pero estas dos películas lo consiguen, y con maestría.

La música es francamente buena, muy apropiada a la cinta y se nota que se le ha prestado especial intención, y la fotografía y la puesta en escena son francamente sobresalientes (me encantaría enfatizar en este elemento, pero mis conocimientos en esta área aún son mejorables). Incluso mejor que la música y la puesta en escena, es la atención que pone Zhang Yimou a los pequeños detalles de la película, tales como el uso y la importancia de los colores (en especial el rojo, color que el director adora como bien muestra en otras cintas) entre muchos otros que no citaré.

En resumen, una película muy bien narrada, sencilla y bonita, que es posible que no guste a todo el mundo por su ritmo pausado, que a muchos les resultara lento. Un bello poema al amor y al respeto de la tradición y sus valores. Si buscais adrenalina, éste no es vuestro film; si quereis algo bueno, bonito y bien contado, no os la perdais.

Puntuación: 8,5/10